La fecha patria del 25 de mayo, fue conmemorado, en la ciudad de Alberti, con palabras del intendente Municipal, Germán Lago.

 El jefe comunal de la mencionada ciudad del noroeste de la provincia de Buenos Aires se dirigió a todos los presentes de la siguiente manera.

Como vecino de Alberti y como argentino, constituye para mí un gran orgullo y una inmensa felicidad poder compartir con ustedes una nueva conmemoración de la Revolución de Mayo.
208 años pasaron desde aquel hecho decisivo de nuestra historia, cuando aquellos hombres movidos por diferentes intereses pero con un mismo objetivo, pusieron la semilla inicial para un proceso de emancipación que habría de culminar con la declaración de independencia en el Congreso de Tucumán de 1816.
Los argentinos hemos atravesado desde entonces un camino plagado dificultades, de encuentros y divergencias, de enfrentamientos entre hermanos y de trabajo mancomunado, de defensa de los idearios revolucionarios encarnados por Manuel Belgrano y Mariano Moreno, y de lamentables retrocesos en la custodia de los intereses de los sectores más desprotegidos de nuestro pueblo.
Siento que aún continuamos buscando el verdadero sendero hacia la obtención de una soberanía plena, que permita despojarnos de las cadenas que nos atan a nuevas formas de dominación impuestas no ya por la Metrópolis, sino por poderosos intereses que prevalecen en este mundo globalizado, incluso por sobre las decisiones de los Estados.

«CONSERVAR EL ESPIRITU REVOLCUIONARIO»

Y para ello, para ser verdaderamente libres e independientes, debemos conservar el espíritu revolucionario de nuestros próceres de Mayo, revelarnos ante las injusticias y ante la desigualdad, promoviendo un ideal de país en el que todos los argentinos nos podamos sentir contenidos, en el que sea posible concretar el sueño de un crecimiento solidario y equitativo.
A quienes tenemos la responsabilidad de gobernar, cualquiera sea el ámbito, nos cabe un compromiso mayor en la concreción de esos sueños, pero ningún habitante de esta bendita tierra puede escapar al desafío.
Porque no existe revolución sin revolucionarios, y todos debemos bregar por el cumplimiento de esas metas que deben ser comunes a todos los argentinos, sin importar las banderías políticas a las que pertenezcamos.
Lo que no podemos es claudicar en la lucha y en la defensa de los ideales, no es posible repetir -hasta el hastío-, los mismos errores del pasado que nos han llevado a momentos muy tristes de nuestra historia. Períodos de una inmensa exclusión y desesperanza.
Quienes tenemos la responsabilidad de gobernar debemos hacerlo de la mano del pueblo argentino, defendiendo a rajatabla esa bandera celeste y blanca que nos abraza, que nos da la fuerza patriótica para construir cada día una Nación más justa, libre y soberana.
Muchos compatriotas conservamos intacto el recuerdo de épocas muy aciagas de nuestra historia, etapas en la que los argentinos habíamos perdido la autoestima, cuando nos habían hecho sentir que no podíamos administrar nuestra Patria, que teníamos que vivir recibiendo consejos de quienes no debíamos, que teníamos que seguir haciendo los deberes para otros y causando dolor adentro porque la forma de gobernar era pegarle en el corazón al pueblo argentino, consolidando su exclusión y subordinándose a intereses que no eran los propios de la Patria.
Recuerdo ese círculo vicioso en que nos habían encerrado, en el que parecía que cualquier gesto o ejercicio de autonomía en las decisiones constituían un acto de irresponsabilidad política. Llegamos a tomar decisiones tan ignominiosas como quitarles un porcentaje de los haberes de nuestros jubilados, en aras de respetar recetas que nos imponían desde afuera.
No quiero que ese escenario se repita en nuestra Patria. Debemos promover la defensa plena de nuestra soberanía y de la independencia política y económica.
Nos costó mucho salir del infierno en el que estuvimos no hace muchos años, fue acá nomás, a la vuelta de la esquina.
Por eso pido, con mucha humildad, a quienes tienen la máxima responsabilidad de gobernarnos que no permita que nuestro país ingrese nuevamente en una senda oscura, porque ya experimentamos las consecuencias, y está demostrado que hay otro camino de políticas públicas en el que se puede crecer, se puede generar trabajo para nuestros jóvenes y dejar atrás una Argentina quebrada y endeudada, para volver a tener la posibilidad de tomar nuestras propias decisiones, las que hacen al bienestar de la mayoría silenciosa del pueblo argentino. Un camino que, lamentablemente, siento que estamos abandonando.
La Patria somos todos, la Patria es para todos, el derecho a vivir, a estudiar, a tener un hogar, a tener una casa, a tener esperanzas, a sentir el amor y la pasión por la vida lo tenemos todos en esta tierra argentina.
Les pido a todos que tengamos encendida la llama de los revolucionarios de Mayo, que demos pelea por aquello que defendemos, que nos revelemos ante las injusticias, que seamos solidarios con el que nos necesita, que tengamos presente que la Patria es el otro, el que tenemos al lado y requiere de nuestra ayuda. La Patria se construye con los pequeños actos, desde los más nimios, hasta aquellos que se erigen como un ícono en nuestra historia.
La revolución es un sueño eterno y debemos alimentarlo diariamente.
Ese es el ejemplo de nuestros próceres.
El de San Martín, Mariano Moreno, del gran Manuel Belgrano, de Juan Manuel de Rosas, de don Hipólito Irigoyen, de Juan Domingo Perón y de tantos otros hombres y mujeres silenciosos de la historia, que hicieron tanto por la Patria.
Defendamos el ideario de una Argentina donde el hijo esté mejor que el padre, en una Argentina donde los abuelos y los padres tengan la esperanza que sus luchas se verán sintetizadas en una vida mejor para sus hijos y sus nietos.
Tenemos la obligación como pueblo de sentar las bases para un progreso igualitario y solidario, que incluya a todos los sectores de la sociedad y distribuya la riqueza en forma equitativa.
No hablo de que todos pensemos de la misma forma, o que no tengamos diferencias, que siempre habrán de existir y son sanas si contribuyen a mejorar.
Hablo de privilegiar ese objetivo de «bienestar general», que la Constitución Nacional nos señala como norte irrenunciable en su Preámbulo.
Los próceres que protagonizaron la revolución nos marcaron ese camino, porque aún con diferentes modos de pensar privilegiaron el objetivo común de nuestra libertad como Nación.
Por eso, quiero decir en este 25 de mayo, con todas mis fuerzas: luchemos todos por una Patria y por un Alberti solidario, que conviva en paz, unidos en la divergencia, defendiendo la pluralidad, más justa, libre y soberana.
Un fuerte abrazo para todos, y para despedirme les digo ¡viva la Patria para todos los argentinos!