Nota de opinión: Por Yanina Olazar

Vicepresidenta CCARI Bragado

Con el paso de los días, nos hemos acostumbrando a las nuevas formas de manejarnos a que nos obliga esta pandemia. Poco a poco, como ciudadanos, comerciantes y trabajadores de diferentes rubros, vamos asimilando los protocolos de manera natural.

La ciudad de Bragado, como la mayoría de los municipios cercanos a nuestro partido, ha acatado a rajatabla todas las obligaciones e indicaciones que el Gobierno Nacional ha solicitado, aún cuando eso significó una caída estrepitosa de nuestra economía.

Hoy, transcurridos más de 60 días después de aquel 20 de marzo en el que se dictaminó el aislamiento social, preventivo y obligatorio, hemos avanzado en la reapertura de la actividad comercial en nuestra ciudad, para ayudar a todos los comerciantes de los servicios no esenciales que se vieron afectados directamente por las medidas preventivas contra el avance del Covid-19.

La reapertura fue paulatina, en horarios y días específicos, permitiendo un “orden” en la circulación de nuestros ciudadanos, con sistema de turnos en algunos casos, accesos restringidos, colas en las veredas para ingresar a los locales.
Esto, aunque contribuye a la organización y a la contención de la pandemia, al igual que el control, ha sido un inconveniente para los comerciantes, sobre todo para los pequeños y medianos, que vieron mermados sus ingresos y su capacidad de recaudación.

No debemos olvidar para entender el contexto en que se da esta pandemia, que nuestra ciudad como muchas del interior de nuestro país tiene sus costumbres y hábitos bien arraigados y esto es muy difícil de cambiar.

Porque hago esta mención? Porque en dialogo con los comerciantes, sostienen que en el horario después del mediodía (la famosa siesta), la gente no concurre a los comercios. Por eso que muchos de ellos, han decidido trabajar con un intervalo de dos horas cerrado. No se justifica tener abierto el local con un flujo de personas prácticamente nulo.

Más adelante y como es de público conocimiento, decidió que los comercios no pueden abrir los días domingos. Una vez más (y sin poder hacer nada para cambiarlo)los comerciantes lo acataron a pesar del perjuicio que les causa dicha decisión.

Con esta situación el panorama comenzó a tornarse más gravoso aún, provocando un desplome económico que afecta seriamente la capacidad contributiva de muchos comerciantes bragadenses.
Días atrás, se anunció que panaderías, kioscos y casas de pastas podrían abrir los domingos. Una vez más, la pregunta es:¿cuál es el criterio de aplicación a la hora de ampliar los rubros que pueden o no abrir sus puertas?

¿Por qué los comercios no incluidos en esta ampliación no pueden trabajar los días domingo? ¿De qué depende?
Sabemos y comprendemos que el avance es lento, progresivo y tiene carácter “transitorio”. Pero, ¿Qué representa esa transitoriedad?
El municipio puede flexibilizar la actividad, de acuerdo con la evolución de la pandemia en el territorio. Si ese es el criterio, entonces ¿por qué no todos los comerciantes pueden en pie de igualdad abrir sus negocios para así poder afrontar esta situación extraordinaria que trae aparejada la pandemia?

¿El esfuerzo realizado por todos los ciudadanos y en especial de los comerciantes al permanecer cerrados todo este tiempo acumulándose facturas, pago de alquileres, servicios, cargas sociales, no justifica brindarles la posibilidad de poder abrir un día más, si eso implica que puedan sumar a su recaudación mensual?
Planteada mi opinión, aspiro a que las autoridades comprendan la situación y pese a las restricciones que imperan para gran parte de los pequeños y medianos comerciantes de nuestra localidad se les permita recuperar el horario matutino del Domingo como un modo de hallar una respuesta favorable para todos ellos.