«Lo que llamamos pérdida y nuestro cerebro»
Por: Melina Cócaro
En el recorrido de la vida atravesamos perdidas y la mayoría de nosotros no sabemos canalizar las emociones que surgen de ellas. Cuando hablamos de pérdidas no solo me refiero a nuestros seres queridos, una pérdida puede implicar mudarse de casa, ser despedido de un trabajo, comenzar un nuevo ciclo de estudio, perder el celular con las fotos de nuestras amigas, jubilarse, una enfermedad terminal; todas y cada una de ellas implican afrontar una perdida, encerrando un proceso de transformación radical.
Con el paso del tiempo y de los días, la vida no fue la misma, siguió y como pudimos nos adaptamos a los cambios, porque de eso se trata la vida.
Y ese proceso es lo que llamamos duelo. Es un proceso que como tal evoluciona a través del tiempo y del espacio, es normal, dinámico, intimo ya que cada quien lo lleva de manera diferente pero también es social, es activo dado que la persona tendrá que tomar decisiones para elaborar el impacto de la perdida y adaptarse a la nueva situación.
Si pudiésemos hacer una analogía y lo comparamos con una caída donde nos hicimos una herida, recordarás que en ese momento te dolió mucho, pero como sucede con toda herida, parece que todo te “roza” ahí justo donde te duele más. Tenes la sensación que todos se compadecen de vos pero nadie siente el dolor que sentís, es un dolor solitario. Hasta que la herida comienza a hacer una costra, te pica pero ya no te duele tanto. Y la costra se cae, y te queda una cicatriz. El olor ya no está. Te miras la cicatriz y te acordás que te dolió mucho, pero ya no es intenso. Lo mismo implica el proceso de duelo. Duele hasta que el dolor se va.
Según la neurociencia, las respuestas del duelo están programadas en el cerebro, cuando perdemos algo, el organismo responde con la tristeza, que es como la señal que debemos renunciar a algo. Este proceso tiene una base cerebral en el núcleo accumbens, actúa como interruptor cognitivo, sentimental y emocional para desencadenar las conductas que se consideran típicas de un duelo. Según palabras de William Cowper (cirujano y anatomista inglés), “el duelo es en sí mismo una medicina.
Las tres etapas del duelo
1) «Fase de shock»: De intensa desesperación, caracterizada por aturdimiento, negación, cólera y no aceptación.
2) «Fase de anhelo y búsqueda»: Periodo de intensa añoranza y de búsqueda de la persona fallecida, caracterizada por inquietud física y pensamientos permanentes sobre el fallecido.
3) «Fase de reorganización»: Comienzan a remitir los aspectos más dolorosos del duelo y la persona empieza a experimentar la sensación de reincorporarse a la vida. La persona, objeto o situación perdida se recuerda ahora con una sensación combinada de alegría y tristeza y se internaliza la imagen.
Para superar el duelo, sí o sí tenemos que atravesar los tres estadios.
En definitiva, como decía el famoso psiquiatra Víctor Frankl: «Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento».







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