Bragado: Vivas, empoderadas y autónomas
Por MARITA GELITTI
Presidenta: Acción para el Desarrollo
Un día como hoy, hace 5 años, miles de mujeres salíamos a la calle a pedir algo tan simple como indispensable, que dejen de matarnos. Nacía el NI UNA MENOS, un movimiento nacional y regional que se encargó de visibilizar, denunciar y combatir la violencia de género en todos los ámbitos y que vino a marcar un antes y un después en cómo nos pensamos como sociedad.
En Argentina, significó numerosos avances judiciales, como el reconocimiento de la figura del femicidio, legislativos, como el establecimiento de la ley Micaela, que vuelve obligatoria la formación en el tema de todo el personal estatal, o ley Brisa, que repara económicamente a los hijos de mujeres víctimas de femicidios, y ejecutivos estableciendo Ministerios y Secretarías de Género en todas las instancias de Gobierno. Estas, a su vez, cuentan hoy con más y mejores medios de contacto como el 144. Desde Acción para el Desarrollo no nos quedamos atrás y el año pasado impulsamos la presencia de un banco pintado de color rojo en nuestra ciudad, para concientizar sobre esta problemática, como se lleva adelante en otras ciudades del país y el mundo.
Sin embargo, mucho queda por hacerse. En el año 2019, 268 mujeres murieron de forma violenta debido a su condición de tales, en la mayoría de los casos a mano de sus parejas o ex parejas y en entornos por ellas conocidos. Por eso el aislamiento social, preventivo y obligatorio, puede no representar mayores condiciones de seguridad para muchas mujeres, que tienen que cumplirlo al lado de sus agresores. En lo que va de la cuarentena hubo, por lo menos 57 femicidios.
La erradicación definitiva de la violencia de género no se resuelve únicamente descendiendo estas cifras, aunque ello sea lo más urgente. Como todo problema complejo, la violencia machista debe ser atacada desde sus raíces, y por eso supone cuestionar los preceptos que ubican a las mujeres en un lugar subordinado e inferior a los varones en todos los órdenes sociales, económico, laboral, político. La igualdad de oportunidades en estos ámbitos es fundamental para desandar la idea de que las mujeres pertenecen a los varones, incluso al punto de poder éstos quitarles su vida.
En este sentido, es crucial estar atentos a nuestros comportamientos cotidianos y al de nuestros allegados ¿educamos igual a nuestros hijos varones que a nuestras hijas mujeres? ¿naturalizamos que haya destratos en las parejas? ¿consentimos relaciones faltas de intimidad?
Preguntas como estas, y respuestas paritarias a las mismas, son las que nos llevarán a vivir en una sociedad donde nada esté expuesto a un mayor riesgo por el cuerpo con el que nació, y pueda desarrollar su vida plena y libremente. Porque un recién nacido no tiene el chip de la discriminación, ello es una construcción colectiva que debemos modificar para lograr la igualdad.



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