Cuando el ego discute obras y la realidad va por otro lado
Por: José María Méndez
Bragado vuelve a ser escenario de una discusión que, más que aclarar el futuro de una obra, deja al descubierto viejas disputas políticas que poco tienen que ver con las urgencias reales de la comunidad. La pelea pública entre el intendente, Orlando Costa y Unidos por Bragado, por la continuidad o no de un polideportivo, es una muestra clara de cómo algunas discusiones parecen estar más atadas al pasado y a la pertenencia política que a una planificación seria del presente.

En el medio de ese cruce, también aparecen concejales que se involucran, toman postura y alimentan el debate, como si la prioridad de Bragado hoy fuera saldar viejas diferencias o marcar quién tuvo razón en su momento. Sin embargo, la pregunta que debería guiar cualquier discusión es otra: ¿cuáles son hoy las verdaderas prioridades de la ciudad?
Un polideportivo es, sin dudas, una obra importante. Nadie discute el valor del deporte, la contención social y el impacto positivo que puede generar. Pero gobernar —y también opinar con responsabilidad— implica entender el contexto. Y el contexto actual es complejo, duro y angustiante para miles de familias.
Mientras en el plano nacional se repite el discurso de que “12 millones de argentinos salieron de la pobreza”, la realidad cotidiana parece contar otra historia. Los sueldos no alcanzan, los precios suben, y cada vez más personas necesitan asistencia para cubrir lo básico. Los comedores comunitarios, especialmente en la provincia de Buenos Aires, reciben día a día a más vecinos que antes tenían trabajo, changas o algún ingreso que hoy ya no alcanza.
Frente a ese escenario, discutir con tanta vehemencia la continuidad de una obra sin poner sobre la mesa una escala de prioridades resulta, cuanto menos, desconectado de la realidad. No se trata de estar a favor o en contra de un polideportivo, sino de entender cuándo, cómo y con qué recursos se decide avanzar.
Bragado necesita debates maduros, no peleas entre un ex intendentes y militante de un partido que preside otro ex intendente. Necesita planificación, sensibilidad social y una dirigencia —tanto del pasado como del presente— que comprenda que hoy la urgencia pasa por el trabajo, la alimentación, la salud y la contención social. Todo lo demás debería ordenarse a partir de ahí.
Porque cuando la política se mira demasiado el ombligo, corre el riesgo de dejar de ver a la gente. Y hoy, más que nunca, hay mucha gente pasándola mal.
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