Donde hay una necesidad, nace un derecho… aunque muchos no lo entiendan
Por: José María Méndez
Criticar a quienes ayudan a otros es una actitud que resulta difícil de comprender, especialmente en una sociedad que valora la solidaridad y el apoyo mutuo. La idea de cuestionar a alguien que ofrece su tiempo, recursos o habilidades para ayudar a una persona o institución necesitada parece contradecir los principios básicos de humanidad y empatía.

LA SOLIDARIDAD COMO VALOR FUNDAMENTAL
La solidaridad es uno de los pilares sobre los cuales se construyen las comunidades fuertes y resilientes (capacidad para afrontar las adversidades).
Ayudar a otros no solo beneficia a quien recibe la ayuda, sino que también fortalece el tejido social y promueve un sentido de pertenencia y cooperación.
Criticar a alguien que practica la solidaridad es, en esencia, socavar uno de los valores más esenciales y positivos de nuestra sociedad.
LA MOTIVACIÓN DETRÁS DE LA AYUDA
Es importante conocer que las personas que se dedican a ayudar a otros por experiencias de vida que las han sensibilizado ante ciertas problemáticas y otras más por el simple deseo de contribuir a un mundo mejor. Cuestionar estas motivaciones no solo es injusto, sino también contraproducente, ya que desanima a quienes podrían estar considerando unirse a estas causas.
EL IMPACTO POSITIVO DE LA AYUDA
Las acciones de ayuda, ya sea en forma de voluntariado, donaciones o simplemente ofrecer apoyo emocional, tienen un impacto significativo en la vida de las personas y las instituciones que las reciben.
Muchas veces estas acciones son la diferencia entre superar una crisis o sucumbir a ella. Criticar a quienes se dedican a estas actividades es, en última instancia, ignorar el valor y la importancia de su contribución.
LA NECESIDAD DE FOMENTAR LA EMPATÍA
En lugar de criticar es fundamental fomentar la empatía y la comprensión. Preguntémonos cómo podemos ayudar apoyar y reconocer el esfuerzo de quienes ayudan. Es a través de la comprensión y el apoyo mutuo que podemos construir una sociedad más justa y solidaria.
Cada acto de ayuda, por pequeño que sea, cuenta y merece ser valorado.
CONCLUSIÓN
En definitiva, jamás en lo personal se me hubiese ocurrido criticar a alguien que ayuda a una persona o a una institución necesitada.
La ayuda desinteresada es una manifestación de la mejor parte de la humanidad y merece ser reconocida y celebrada, no criticada. Fomentar una cultura de apoyo y solidaridad es fundamental para el bienestar de todos los ciudadanos.
Hecha esta introducción, digo que se ha comenzado a criticar a la concejal Daniela Monzón, por sus donaciones tanto de su sueldo de concejal como así también otros tipo de ayuda a personas física o jurídicas.
Han empleado una frase bíblica que se encuentra en el libro de Mateo Capítulo 6, Versículo 3 que dice «No dejes que tu mano izquierda sepa lo que hace la derecha”.
Se refiere a las buenas obras, que no hay que refregárselas en la cara a nadie, para luego exigirle lealtad, en búsqueda de sometimiento.
Quienes conocen en profundidad a Daniela Monzón, saben que no es así, porque no es la primera que Daniela dona su sueldo de concejal en su anterior período lo hizo, con la diferencia de que nunca lo hizo público.
También sabemos que durante la campaña electoral prometió lo que está haciendo, y su intención es que se sepa, que está cumpliendo con lo que dijo, no como otros dirigentes que durante la campaña prometen cosas y luego se olvidan.
Ya que hay quienes mezclan las cuestiones bíblicas pretendiendo que en la tierra se haga lo que dice la Palabra de Dios, también sería importante saber que Jesús cuando estuvo en la tierra, «sanó a las personas que estaban enfermas, alimentó a las personas que tenían hambre y consoló a las personas que se sentían solas. Jesús también enseñó a sus discípulos a ayudar a los demás.
Daniela Monzón no solo dona su sueldo, también ha hecho y hace muchas cosas que pocos saben y tal vez sea algo fuerte, ha salvado la vida a muchas personas, proveyendo el medicamento que necesitaba y no podía conseguirlo.
En definitiva, Daniela Monzón, está donde está la necesidad y donde hay una necesidad, nace un derecho, aunque muchos no lo entiendan
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