Por: Manuel Valentín Coria

La intervención militar en Venezuela iniciada en enero de 2026 no debe interpretarse como un
ejercicio de restauración democrática, sino como el hito fundacional de una Doctrina de
Seguridad Integrada. Esta maniobra marca el tránsito definitivo desde el multilateralismo
diplomático hacia una primacía estratégica unilateral que, bajo la premisa de la estabilidad
regional, institucionaliza la soberanía limitada en el Hemisferio Occidental.

La captura de la estructura estatal en Caracas (Maduro en poder de EE.UU) —lejos de
estabilizar el mercado energético o restaurar el orden civil— activará un proceso
de «afganización sistémica» en el corazón de Sudamérica. Este fenómeno se caracteriza por
tres vectores de transformación geopolítica:

  1. La Insurgencia de Redes como Paradigma de Inestabilidad: A diferencia de las
    ocupaciones de principios de siglo, la intervención de 2026 enfrenta un Estado atomizado. Mi
    hipótesis se orienta a pensar que, la desarticulación del mando central derivará en una
    fragmentación del poder hacia actores no estatales y milicias transnacionales. En este
    escenario, la asistencia humanitaria se convertirá en un instrumento de contrainsurgencia,
    subordinando el desarrollo civil a la lógica del control militar territorial.
  1. La Erosión del Eje de Soberanía (Colombia-México): La operación no termina en Venezuela,
    se redefine a los Estados aliados como «plataformas logísticas». Se proyecta
    que Colombia enfrentará una vulnerabilidad de doble frente, donde la dependencia del
    Comando Sur comprometerá su control fronterizo autónomo. Paralelamente, el precedente
    sentado en Venezuela ejercerá una presión centrípeta sobre México, forzando una integración
    securitaria con Washington que diluye la autonomía de su política exterior bajo la narrativa de
    la «amenaza existencial».
  2. La Asfixia Sistémica del Estado Satélite: Se plantea que el objetivo estratégico subyacente
    es la implosión del modelo cubano mediante la interrupción total de sus flujos energéticos y
    financieros. La intervención actúa como un cerco operativo que busca el colapso por privación,
    eliminando el último contrapeso ideológico en la cuenca del Caribe.

Proyección Geopolítica Final

Debo advertir entonces que, en 2027, el modelo de «intervención quirúrgica» habrá mutado en
un Protectorado de Seguridad permanente. El costo de este nuevo orden hemisférico será la
militarización de las instituciones transnacionales y el desplazamiento del principio de
autodeterminación por el de «Seguridad Colectiva Dirigida». En última instancia, Venezuela
2026 representa el laboratorio de una nueva arquitectura de poder donde la estabilidad se
garantiza mediante la presencia militar crónica y la tutela política externa.