Por: Manuel Valentín Coria

Profesor de Filosofía y Ciencias de la Educación

Como en la magistral obra de Kafka el sistema administrativo de la DGCyE se encarga de construir
monstruosidades en honor, quizás, al género del horror. Como en Junio del 2023, cuando escribí para
distintos medios, (“Violentando Profesores: Un realidad silenciada, un sistema colapsando”), en esta
oportunidad me veo en la obligación de contar una historia en sentido metafórico…o no tanto.

En la provincia de Buenos Aires se sienten los ecos del film argentino estrenado recientemente en la
plataforma de películas y series más conocida del mundo. Por alguna misteriosa razón los bichos, en
nuestra realidad, son un grupo de personas que lejos están de la trama de Oesterheld. Estos seres
humanos son combatidos y aplastados por un sistema Estatal persecutorio que obliga a muchos
profesores a sentirse cada vez más alejados del sueño de una educación para todos.

Existe un síndrome llamado bournout que en español se lo traduce como síndrome de la cabeza
quemada, esto es lo que le está sucediendo a millones de docentes en el mundo, la Provincia de
Buenos Aires, no es la excepción.

Tal como lo expresa el buscador de la red en sus resultado, esto se debe a tres cosas: Al agotamiento emocional, que combina sentimientos de desesperación, cansancio y falta de energía. La despersonalización que es un sentimiento de distanciamiento emocional o desprecio hacia el trabajo o las personas y como si esto no fuera poco, la disminución del logro personal que se puede traducir como la pérdida de interés o satisfacción en el trabajo, con sentimientos de fracaso y baja productividad. Esto es lo que los docentes bonaerenses callan todos los días de su vida desde que comienzan su carrera hasta que se jubilan.

Con una dolorosa vigencia en 2025, se soslaya un condimento sumamente oscuro, la persecución
administrativa en manos de las jerarquías distritales ejercida en muchos distritos de la provincia. La
vejación y la tortura simbólica mediante medidas arbitrarias, lejos de todo consenso o acuerdo, son
parte del uso y abuso del poder. Las cosas se hacen “porque yo soy tu jefe y haces lo que digo”. Sin
derecho a reclamo, con comunicaciones intempestivas, con bajadas como se las conoce en la jerga
educativa y hasta un maltrato psicológico….todo pasa y nadie hace nada.

Esta persecución administrativa va, no sólo en contra de los docentes dentro de las aulas sino
también en contra de muchos profesores que injustamente han sido sumariados por falsas denuncias
y acusaciones.

Años y años estas personas están escondidas en oficinas, o expuestas a la burla y el
comentario de la sociedad y de los propios compañeros, como si quedaran en manos de haters que se
alimentan del dolor ajeno. Se los aleja de su hábito de trabajo para someterlos al olvido de sus
compañeros y alumnos, tarde o temprano, luego de que se sirvieron de estas violencias simbólicas,
después de sacar leña del árbol caído. Esto, a la administración del sistema educativo estatal no le
importa, es más, en algunos distritos los obligan a volver a las aulas sin ningún tipo de reparación
pública, tal como lo indica la ley, y mucho menos sin ningún proceso de re-vinculación previo, o ayuda
psicológica ¿Justicia para los docentes? Cero.

Si quiere que se burlen de usted, que lo maltraten sus alumnos y superiores, que lo olviden los
sindicatos, o que lo denuncien falsamente…hágase docente, policía o médico. El sistema oscuro de la
mala administración del Estado lo condenará al ostracismo, la exposición, y el vejamen simbólico,
entre otras cosas saludables.

Muchas mujeres y muchos hombres, junto a sus familias, padecen hoy de este maltrato, perverso y
revulsivo. La tortura psicológica como mecanismo de violencia es un arma sigilosa que está
destruyendo a familias y por ende a Educación Pública desde hace mucho tiempo. Pero lo olvide algo
estimado lector: quienes pretenden dar educación en las aulas, no son los mismos que defienden a
un sistema injusto, aberrante y vengativo. Aunque aplastados como cucarachas, los docentes
bonaerenses, aún resistimos bajo las botas de quienes alguna vez fueron nuestros compañeros y
compañeras y hoy se olvidan de dónde salieron. Viva el amor, sobran los motivos.