Por: José María Méndez

He leído en un medio local que un vecino, Pedro Gimenez, quiere ser candidato a intendente en el 2027 y que está a la espera del llamado de un partido político, cualquiera sea el mismo.

Ante esto le desjo esta reflexión: No cualquiera puede ser candidato a intendente. Mucho menos ejercer ese rol con responsabilidad y compromiso real con la comunidad. Ser intendente no es una aspiración personal ni un cargo simbólico: es una función compleja que exige cabeza abierta, preparación y una mirada integral sobre la ciudad.

Un candidato a intendente debe entender que gobernar implica dialogar con todos los sectores. Mantener reuniones con empresarios, comerciantes, productores y emprendedores no es un detalle menor: es parte central del desarrollo local, del empleo y de la planificación económica. Sin diálogo y sin conocimiento, no hay crecimiento posible.

Pero la gestión no se termina cuando cae el sol. Un intendente debe ocuparse de lo que pasa de noche, de la seguridad, de la prevención, de que los vecinos puedan circular tranquilos y sentirse cuidados en cada barrio. El tránsito, el orden urbano y la convivencia también forman parte de la agenda diaria.

La salud y la educación no admiten improvisación. Requieren presencia, planificación y decisiones firmes. Un intendente tiene que garantizar un sistema de salud que funcione y una educación acompañada por el Estado local, trabajando junto a las instituciones y las familias.

Para todo esto se necesita mucha calificación y experiencia política. Conocer el Estado, entender cómo funcionan las gestiones, saber cómo se toman decisiones y cómo se articulan los distintos niveles de gobierno no se aprende de un día para el otro. La política tiene sus andariveles, sus tiempos y sus responsabilidades.

Pretender ser candidato a intendente sin haber transitado nunca la política, sin experiencia previa y sin conocimiento de la gestión pública, es inviable. Gobernar una ciudad no es un experimento ni un salto al vacío. La intendencia no se improvisa: se construye con recorrido, formación y compromiso sostenido.

Ser candidato a intendente no es para cualquiera porque gobernar una ciudad implica estar atento a todo, todo el tiempo. Escuchar, gestionar, resolver, anticiparse y, sobre todo, tener la sensibilidad suficiente para entender qué le pasa a la gente. La intendencia no es un escritorio: es la calle, los barrios, las instituciones y la vida cotidiana de cada vecino.