El tránsito en la ciudad de Bragado continúa siendo uno de los temas que más preocupación genera entre vecinos, autoridades y actores vinculados a la seguridad vial. Accidentes evitables, maniobras imprudentes y el incumplimiento de normas básicas forman parte de una problemática que requiere decisiones firmes y, sobre todo, coherencia en la aplicación de las ordenanzas vigentes.

Entre esas normas se encuentra la ordenanza que regula el expendio de combustible a motociclistas, estableciendo que solo se debe cargar nafta a quienes utilicen casco protector. Se trata de una medida clara, concreta y orientada exclusivamente a la prevención de lesiones graves y muertes en siniestros viales. No es una ordenanza caprichosa: apunta directamente a cuidar vidas.

Esta normativa (la del uso de casco) fue impulsada en su momento por el ex concejal Rafael Acuña, con el objetivo de generar un cambio cultural en el uso de la moto, uno de los vehículos más utilizados en la ciudad y, a la vez, uno de los más vulnerables en caso de accidente. El casco no es un accesorio: es una protección vital.

Actualmente, los controles existen y se llevan adelante mediante operativos de tránsito en distintos puntos de la ciudad, donde se verifica el uso del casco y el cumplimiento de la normativa vigente. En esos procedimientos, las infracciones son sancionadas con multas, reforzando el carácter preventivo y punitivo de la ordenanza.

Sin embargo, toda ordenanza pierde sentido cuando no se cumple de manera uniforme y sostenida en el tiempo. Si la norma existe, debe aplicarse sin excepciones ni miradas hacia otro lado. El mensaje debe ser claro y contundente: sin casco, no hay combustible. De lo contrario, la ordenanza se transforma en letra muerta y en una falsa sensación de seguridad.

En ese sentido, resulta válido plantear un debate necesario: o se cumple la ordenanza, o se deroga. Mantener normas que no se hacen respetar solo debilita el sistema de tránsito, genera desigualdad ante la ley y resta credibilidad a las políticas públicas. La seguridad vial no admite medias tintas.

Bragado necesita avanzar hacia un tránsito más ordenado y seguro, donde las reglas estén claras y se cumplan. La prevención no se declama, se ejecuta. Y cuando una ordenanza tiene como fin proteger la vida de los vecinos, su cumplimiento debería ser una prioridad indiscutida.