Por: José María Méndez (El Periodista del Pueblo)

Hay realidades que muchos vecinos no ven simplemente porque nunca tuvieron que enfrentarlas. La falta de accesibilidad en la ciudad es una de ellas.

Para una persona que camina sin dificultades, una vereda rota, un escalón o la falta de una rampa pueden parecer detalles menores. Para alguien que utiliza una silla de ruedas o tiene movilidad reducida, esos mismos obstáculos pueden convertirse en una barrera imposible de atravesar.

En Bragado existen algunas rampas, sobre todo en el centro, pero la ciudad está lejos de ser verdaderamente accesible. En muchos barrios directamente no hay rampas en las esquinas y en otros casos las veredas están en mal estado o llenas de obstáculos.

El resultado es que muchas personas con discapacidad motriz no pueden circular con normalidad. A veces la única opción es bajar a la calle y desplazarse por el asfalto, con el peligro que eso implica frente al tránsito.

El problema no termina allí. Muchos comercios tampoco cuentan con accesos adecuados. Escalones altos, entradas estrechas o la ausencia total de rampas hacen que, en la práctica, haya vecinos que directamente no puedan ingresar a determinados lugares.

Lo más llamativo es que incluso en espacios vinculados a la salud o la rehabilitación se repiten estas dificultades. En algunos casos ni siquiera las esquinas cercanas cuentan con rampas adecuadas, algo que debería ser prioritario justamente en esos puntos de la ciudad.

La accesibilidad no es una cuestión estética ni un detalle de urbanismo. Es un derecho. En Argentina existe la Ley Nacional de Accesibilidad N.º 24.314, que establece la eliminación de barreras físicas en los espacios públicos.

Por eso, más temprano que tarde, este tema debería ocupar un lugar central en la agenda local. Una ciudad moderna no se mide solamente por las obras que inaugura, sino por su capacidad de incluir a todos sus vecinos.

Porque una ciudad que no puede ser recorrida por todos, en realidad es una ciudad incompleta.