¿Habrá internas en la Unión Cívica Radical?
– Es la pregunta hecha a la ex concejal, Lilián Labaqui
“Deberían convocarse porque los plazos están cumplidos. Además, hay una interna irresuelta y no es momento de hacernos los distraídos”, sostuvo la exconcejal Lilian Labaqui en declaraciones periodísticas
Con autocrítica, distancia de los oficialismos y un mensaje dirigido tanto a los jóvenes como a los afiliados históricos, plantea que el radicalismo necesita ordenarse puertas adentro para volver a ser competitivo en un clima de época que interpela a todo el sistema político. Rechaza el “dedazo” y cualquier mecanismo cerrado de definición de candidaturas, y advierte que insistir con prácticas tradicionales puede dejar al partido fuera de la escena local y general.

LE GUSTARÍA PRESIDIR EL COMITE
Reconoció que le gustaría presidir el Comité, pero aclara que no está en una búsqueda personal del cargo. Lo que sí cuestiona es que, por estiramiento de plazos o falta de información, se imponga un candidato surgido de acuerdos cerrados. Señala como ejemplo lo ocurrido en el peronismo local, algo que —dice— no debería repetirse en la UCR. Afirma que afiliados de base le han manifestado que la acompañarían si decidiera dar el paso, aunque evita confirmar una candidatura.
En tono autocrítico, admite que cuando la política se fue cerrando en círculos cada vez más reducidos, la sociedad buscó una alternativa disruptiva. En ese contexto, señala la irrupción de Javier Milei como una interpelación directa a todo el sistema político, incluidos los partidos tradicionales. Para Labaqui, los manejos internos y las maquinaciones alejaron a la ciudadanía, que prefirió la incertidumbre antes que continuar con las mismas prácticas.
Al repasar la situación del radicalismo en Bragado, recuerda que el partido gobernó en 1991 con el Dr. Figueras y luego durante doce años con el Ing. Costa, superando los 15 mil votos. Hoy, en cambio, apenas sostiene representación en el Concejo Deliberante y el Consejo Escolar, y poco más de 2.000 votos permitieron conservar una banca en la última elección. “No es casualidad —interpreta—, es un mensaje claro de la sociedad”.
Para conducir el Comité, considera imprescindible la pertenencia, la historia, la lealtad, la visión estratégica y, sobre todo, la capacidad real de convocar a todos los sectores. Reconoce que el partido tiene un promedio de edad cercano a los 60 años y reivindica a esa generación como “el tesoro” de la UCR. Pero advierte que, si no se logra enamorar a la Generación Z y convocar a la Generación Alfa, no habrá futuro político posible.
Frente al gobierno nacional, plantea una posición de claridad y mesura. Considera que el déficit y la inflación eran insostenibles, por lo que avala el orden fiscal y la baja de la inflación, pero no a costa de derechos. Defiende la modernización de leyes laborales en favor de trabajadores, pymes y el campo, y reivindica el artículo 14 bis como parte de la identidad radical, inspirado por Crisólogo Larralde. Señalar límites y críticas dentro del sistema republicano, sostiene, no convierte a nadie en “zurdo”, sino que forma parte del ejercicio democrático.
En cuanto a modelos de referencia, menciona a la Unión Europea como ejemplo de economía abierta con equilibrio fiscal y, al mismo tiempo, un Estado de bienestar que proteja a las personas y promueva infraestructura pública. A su entender, la sociedad no votó para reemplazar un gobierno por otro igual, sino para que sea mejor.
En el plano local y provincial, marca distancia tanto del oficialismo municipal como de la gestión bonaerense de Axel Kicillof, aunque aclara que existe respeto institucional.
De cara al futuro, propone construir una gran coalición local, incluso convocando a sectores peronistas que hoy se sienten desplazados, para disputar el gobierno municipal desde el consenso y no desde la imposición.
El radicalismo que imagina es uno con autocrítica sin miedo, respeto por los mayores, llamado genuino a los jóvenes y vocación de poder para transformar la realidad. Menciona como señal de renovación la conducción partidaria nacional en manos de dirigentes jóvenes como Lionel Chiarella y Piera Fernández, aunque advierte que el tiempo dirá si alcanza.
“Me niego a que la Unión Cívica Radical sea sólo un recuerdo —concluye—. Tiene que volver a ser una herramienta.”



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